La adicción a las redes sociales ha sido comparada con la adicción al juego, los opioides y el cigarro.
Si bien existe cierto debate entre los expertos sobre la línea entre el uso excesivo y la adicción —y si las redes sociales pueden causar esta última—, no hay duda de que muchas personas sienten que no pueden escapar de la atracción de Instagram, TikTok, Snapchat y otras plataformas.
Las empresas que diseñaron tus apps favoritas tienen un incentivo para mantenerte pegado a ellas: mostrarte los anuncios que les generan miles de millones de dólares. Resistir a la tentación de navegar durante horas, las dosis de dopamina de los videos cortos y el estímulo al ego y la validación que vienen con cada “me gusta” e interacción positiva puede parecer una lucha injusta. Para algunas personas, las provocaciones de enojo, las noticias pesimistas y las discusiones con desconocidos también resultan irresistiblemente atractivas.
Gran parte de la preocupación en torno a la adicción a las redes sociales se ha centrado en los menores de edad. Pero los adultos también son susceptibles a utilizar las redes sociales a tal grado que empieza a afectar su vida diaria.




































